Entre diciembre de 1933 y marzo de 1934, una oleada de avistamientos masivos sacudió Suecia, Noruega y Finlandia. Se les conoció como los spökflygarna (aviadores fantasma) o, según algunos cronistas suecos, como los “misteriosos X” por la forma de sus maniobras de vuelo. Los objetos aparecían en medio de tormentas de nieve y condiciones climáticas que dejaban en tierra a cualquier avión de la época.
Se describieron como máquinas grandes, usualmente de color gris o metálico, que proyectaban potentes haces de luz hacia el suelo y a veces hacia el cielo, examinando instalaciones militares y estaciones de tren. A diferencia de los ruidosos motores de los años 30, muchos testigos informaron que estos objetos eran inusualmente silenciosos o emitían solo un zumbido leve.
¿Qué tiene esto que ver con la actual liberación de documentos desclasificados? Todo. Salvo que aquí no habrá tachaduras.
El nacimiento ficticio de la ufología
Una de las mentiras más populares de la ufología es la pretensión de haber nacido por cesárea en julio de 1947. Para poner el asunto en su correcta perspectiva, debemos mirar hacia atrás. Tras la reciente liberación de documentos en el proceso de supuesta desclasificación de mayo de 2026, se produjo una catarata de análisis y opiniones.
En lugar de repetir lo que se viene “analizando” desde hace un siglo, examinaremos la oleada de 1934 —y su antecedente de 1910— y la compararemos con la invasión de “drones” de 2024-2025. Para ello utilizaremos el detallado informe de John Keel (Mystery Aeroplanes of the 1930s, Flying Saucer Review, mayo/junio de 1970), dos fuentes suecas clave (el artículo de Clas Svahn en ufo.se y materiales de la Swedish Aviation History Society), y nuestro propio artículo de Ufoside sobre la invasión de drones.
Descubriremos sin asombro que el Pentágono, la FAA y el FBI están repitiendo, palabra por palabra, el mismo guión de contención que ejecutaron las autoridades militares suecas hace casi un siglo.
Dos épocas, el mismo libreto
En 1934, mucha gente que jamás había mirado el cielo nocturno salió masivamente a reportar avistamientos que en parte eran la Osa Mayor, Venus y otros fenómenos celestes conocidos. Aunque hubiera sido fácil descartar todo como confusión o histeria colectiva, el gobierno sueco movilizó a la fuerza aérea y la marina en una búsqueda que duró meses. La conclusión oficial fue desconcertante: “No hay pruebas de que ninguna potencia extranjera haya volado sobre nuestro territorio, pero los avistamientos son reales y no pueden explicarse como histeria colectiva”. El general Pontus Reuterswärd admitió que “las comparaciones con cualquier aeronave conocida son imposibles”.
A finales de 2024 e inicios de 2025, tras la oleada masiva de “drones” en Estados Unidos, ocurrió exactamente lo mismo: miles de reportes, muchos explicables como aviones comerciales, linternas chinas, drones recreativos o ilusiones nocturnas. Sin embargo, quedaron cientos de casos residuales que no encajaban en ninguna explicación convencional. El secretario de prensa del Pentágono, Patrick Ryder, declaró: “No sabemos qué son o de dónde vienen, pero sabemos que no son una amenaza”. El mismo libreto, casi un siglo después.
El “enemigo de turno” como pantalla
Cuando el espacio aéreo más protegido del mundo es vulnerado impunemente, la primera reacción del poder militar es buscar un adversario humano. En 1934, el New York Times culpaba a espías japoneses o soviéticos. En Londres, Sir Philip Sassoon aseguró que las naves sobre la capital eran de la Royal Air Force en un ejercicio “desconocido” para su propio ministerio.
En 2025, ocho días después de asumir la presidencia, Donald Trump envió a su vocera a explicar que los drones habían sido “autorizados” por la FAA para “investigaciones” no especificadas. Una respuesta que nadie se creyó. El Estado prefiere emitir un comunicado a todas luces falso antes que confesar su total inoperancia frente a un adversario imposible de identificar.
La invisibilidad del adversario desconocido
Estos drones no se comportaban exactamente como drones militares conocidos. Los informes hablaban de entre 4 y 180 avistamientos por noche. La mayoría coincidía en hábitos nocturnos, tamaño aproximado de un automóvil, capacidad de permanecer inmóviles durante horas y escapar a gran velocidad. Algunos eran silenciosos; otros emitían ruido similar a helicópteros. Muchos parecían “transfigurarse”: de un grupo de estrellas a formación triangular con luces de posición (a veces invertidas), o de orbe luminoso a forma de avión/helicóptero, siempre sin insignias.
El fenómeno repetía un patrón antiguo. El New York Tribune del 31 de agosto de 1910 ya describía algo inquietantemente familiar sobre Manhattan: un objeto que se oía antes de verse, que adoptaba apariencia de biplano y realizaba maniobras imposibles para la tecnología de la época.
Los “drones” de 2024-25 permanecían suspendidos desafiando vientos, escapaban cuando se acercaban patrullas, eran invisibles en infrarrojo y radar, y algunos fueron vistos sumergirse en el océano. Ninguno fue derribado. John Keel ya lo había señalado en 1934: ningún avión de la época podía realizar aquellas hazañas en tormentas de nieve.
El hackeo electromagnético: del ruido al silencio absoluto
En 1934, operadores interceptaban transmisiones de radio abiertas de los supuestos pilotos. En la era analógica, el fenómeno emitía ruido mecánico y estática para camuflarse. Hoy, en la era digital, actas obtenidas por FOIA y publicadas por The War Zone demostraron que los “drones” podían anular comunicaciones policiales y hacerse invisibles a sensores. El fenómeno se adapta: juega con el espectro electromagnético según la tecnología dominante de cada época.
La firma del relojero y el humor de los dioses
El fenómeno repite coreografías. Según el New York Tribune del 31 de agosto de 1910:
«Se escuchó antes de ser visto. El zumbido de un motor a gran altura hizo que muchos cuellos se giraran hacia la torre de la Metropolitan a las 8:45 en punto, cuando se vio un largo objeto negro volando por el aire hacia la torre. La vaga masa, a medida que se acercaba, adquirió la apariencia de un biplano. Pasó de largo junto a la torre, luego giró y describió un círculo elegante tras otro alrededor de la estructura iluminada, destacándose sus contornos claramente gracias a las luces de las numerosas ventanas».
Keel comenta:
"El Tribune continuó describiendo cómo el objeto ejecutó una 'serie de círculos descendentes... y bajó tanto que pareció rozar las copas de los árboles. A la noche siguiente, miércoles, el avión regresó al mismo parque a las 9:00 p.m. y repitió las maniobras. En un extenso reportaje del 1 de septiembre de 1910, el Tribune analizó el paradero de todos los pilotos y aviones conocidos en la vecindad, y concluyó que ninguno de ellos era el culpable. De hecho, los primitivos biplanos abiertos de aquella época difícilmente podían arriesgarse a combatir las peligrosas corrientes ascendentes alrededor de las torres de Manhattan, y pocos pilotos estaban dispuestos a intentar el vuelo nocturno".
En 1910, círculos descendentes perfectos alrededor de una torre iluminada en Manhattan. En 1461, en Arras (Francia), un objeto que ascendía en espiral “retorciéndose como el resorte de un reloj”, según el documento medieval recogido por Harold T. Wilkins en Flying Saucers Uncensored (1955):
"En este año de nuestro Señor, 1461, en el día de Todos los Santos, el 1 de noviembre, apareció en el cielo un objeto brillante como una barra de hierro, largo y ancho como media luna. Durante quince minutos permaneció inmóvil. Luego, de repente, el extraño objeto comenzó a ascender en espiral, y se torció y retorció como el resorte principal desenrollado de un reloj (horloge), y después, desapareció en el cielo".
En 1461 el testigo no tenía aviones ni drones en su mapa mental. Para describir el increíble ascenso helicoidal de aquella anomalía, recurrió al artefacto tecnológico más sofisticado y vanguardista que la mente medieval concebía: el intrincado muelle de un reloj mecánico de torre. El molde cambia; la inteligencia detrás ejecuta la misma danza barroca.
Conclusión
Los episodios de 1934 y 2024 parecen calcados, con una diferencia: Enr nuestra época, era la primera vez que la invasión del espacio aéreo de la mayor potencia bélica se transmitía en directo para todo el mundo. Quedaba claro que por encima del máximo poder político, económico y armamentista del planeta había algo que ningún gobierno podía controlar. Algo inteligente, sin rostro visible, que parecía dejar un mensaje: existimos, volamos donde queremos y no necesitamos su permiso.
La “desclasificación” oficial no es transparencia, sino el último intento del aparato estatal por simular control. Nos venden en 2026 como revelaciones lo que no es más que un guion redactado hace un siglo. La ufología y el público siguen empantanados en esta parodia donde el poder político pretende ignorar lo inevitable: que hace rato quedó fuera de juego.
Déjà vu
Lue Elizondo, mayo de 2026 (Al ser consultado sobre el contenido de los últimos archivos desclasificados liberados por la administración de Donald Trump):
"Volvamos a la pregunta que tienes específicamente sobre los híbridos y los híbridos alienígenas. No lo sé. Sé que hay gente que lo afirma con total convicción. Hay militares y funcionarios de inteligencia que me lo han dicho, y no tengo motivos para dudar de su credibilidad".
John Keel, 1977:
"Desde Suecia hasta las colinas de Tennessee, uno de los rumores más persistentes de la ufología ha experimentado un resurgimiento en este "año de calma" de 1977. El rumor comenzó a circular en 1950, tan solo tres años después de que los platillos voladores irrumpieran repentinamente en la escena como tema de debate e investigación. En la década de 1960, el rumor se extendió por todo el mundo y se convirtió en una verdad aceptada por muchos ufólogos respetados. Pero su premisa básica era tan oscura y absurda que muchos la rechazaron y la olvidaron por completo hasta el auge de aterrizajes y contactos en 1973.
El rumor es que los ufonautas están realizando experimentos biológicos con seres humanos e incluso podrían estar creando un ejército de pseudohumanos utilizando el esperma y los ovarios de terrícolas desprevenidos".
NOTAS
Contexto histórico
El avistamiento del 31 de agosto (y la repetición la noche siguiente) ocurrió exactamente el mismo día que Roosevelt daba un discurso progresista y Curtiss realizó el primer vuelo en avión sobre agua en Estados Unidos.
Theodore Roosevelt pronunció su famoso discurso “New Nationalism” en Osawatomie, Kansas. Defendió un gobierno fuerte que pusiera los derechos humanos por encima de los intereses corporativos, una “square deal” (trato justo) donde la propiedad fuera “sierva y no ama de la commonwealth”.
Glenn Curtiss Este pionero de la aviación voló sobre el lago Erie (o aguas cercanas), estableciendo un récord. Es muy relevante porque el avistamiento del New York Tribune describía un objeto que parecía un biplano. Justo en esos días la aviación estaba en boca de todos. Sin embargo, la maniobra aérea en espiral alrededor de la torre informada por los testigos es improbable para un avión de la época
Contexto tecnológico
El mismo 31 de agosto de 1910, mientras el New York Tribune publicaba el relato del misterioso biplano que realizaba círculos elegantes alrededor de la torre Metropolitan, la radio se encontraba en sus primeros balbuceos tecnológicos. Apenas ocho meses antes, en enero de 1910, se había realizado la primera transmisión pública de voz en Nueva York: una ópera transmitida en vivo desde el Metropolitan Opera House. Ese mismo año se realizaron las primeras pruebas experimentales de radio desde aviones (Frederick Baldwin y John McCurdy). Sin embargo, la tecnología seguía siendo rudimentaria: transmisores de chispa (spark-gap) que generaban enorme interferencia, mayormente en código Morse, con una voz aún débil y experimental. En ese contexto de fascinación y novedad tecnológica, un objeto que volaba de noche, realizaba maniobras imposibles para cualquier biplano de la época y emitía zumbidos audibles encajaba perfectamente en la imaginación colectiva… aunque ninguna máquina humana conocida podía ejecutar lo que los testigos describieron.
Fuentes
- Clas Svahn – “Spökflygarens vinter” (el mejor artículo en sueco sobre la oleada de 1933-1934)
- John A. Keel – “Mystery Aeroplanes of the 1930s” (Flying Saucer Review, 1970): Artículo clásico en cuatro partes. Disponible en archivos de ufología y en Scribd (buscar “Mystery Aeroplanes of the 1930s John Keel”).
- New York Tribune, 31 de agosto de 1910 (avión fantasma sobre Manhattan): Fuente primaria del caso de 1910 citado en el artículo.
- The War Zone (reportes FOIA sobre los drones de Nueva Jersey): What Cops Saw Chasing Down Jersey Drones, Detailed in New Documents
- Harold T. Wilkins – Flying Saucers Uncensored (1955): Fuente del caso medieval de Arras (1461). Antes que Jacques Vallée y otros de su misma línea, y siguiendo la tradición de Charles Fort, el siempre ignorado y genial Wilkins recupera en este libro archivos históricos antiguos de fenómenos anómalos celestes como el citado.
- Swedish Aviation History Society (Sällskapet för Flyghistorisk Forskning): [flyghistoria.org] o [flyghistoria.se] — materiales de contexto sobre aviación sueca de los años 30.
Otras lecturas recomendadas:
- Artículos de la prensa sueca de la época (Norrbottens-Kuriren y otros) citados extensamente por Svahn.
- Protocolos parlamentarios suecos de 1937 (debates en la Riksdag sobre los “spökflyg”).
- Reportes FOIA y comunicados oficiales del Pentágono/FAA de 2024-2025.
