Gatos en platillos volantes
Difícilmente Beatriz imaginaba, a la edad de seis años, cuando escribió un ensayo sobre gatos en platillos voladores, que estaba esbozando el tema de su investigación actual, siendo ya una astrónoma reconocida.
Su amor por los gatos le llevó a comprender que la visión infrarroja no es el método más adecuado para abordar el estudio de los objetos voladores no identificados ya que, según afirma, le interesa comprender el fenómeno desde una óptica humana. Este enfoque, deslizado como un comentario al pasar, pero tan revolucionario para la ufología moderna como lo fue la visión de John Keel en sentido contrario allá por la década de 1970, la haría merecedora de figurar en este blog, pero fue más lejos.
A contramano de la moda de rebautizar lo viejo conocido con siglas que no dicen nada, o pretenden hacernos olvidar lo aprendido, la doctora Beatriz Villarroel prefiere el término “ovni” frente a “uap”, considerando que el segundo es demasiado amplio y por lo tanto ambiguo. Y agrega, con cierta ironía, que por sobre ambos términos elegiría el de los defenestrados platillos volantes, dando a entender que va en busca de algo sólido, no fantasías.
La trampa de la desclasificación
La actitud de Beatriz es algo de lo que debieran tomar nota las audiencias de “desclasificación” en el congreso estadounidense, donde se observa un interminable desfile de promesas que nunca se cumplen. Un triste espectáculo político más que ufológico, donde ex militares y funcionarios del gobierno simulan discutir en privado lo que se les puede informar a las masas sin provocar una catástrofe. No estoy exagerando, utilizan esa retórica en nombre de la “seguridad nacional”. Los documentos y testimonios que presentan son de tal calidad que harían desternillar de risa a los escépticos de los años cincuenta, de los cuales vamos a hablar, ya que uno en particular pudo haber arruinado, sin que ella lo supiera, su investigación para siempre.
Afortunadamente, de las hilachas que dejó el incinerador nació el milagro y un buen día aterrizó –lejos de la parodia decadente de la desclasificación– esta científica en el inmaculado lodo de la academia, para recordarnos que marcianos y platos voladores eran los de antes.
Estrellas que desaparecen
Su interés por lo desconocido la llevó primero a estudiar biología molecular, pero pronto se aburrió de la misma secuencia burocrática y se pasó al campo de la astronomía, que le ofrecía la emoción de explorar fenómenos inexplicables: estrellas que desaparecen, galaxias que se esfuman. Fue durante sus estudios que se enteró de la expedición y el hallazgo de la anomalía del Báltico, un descubrimiento que la llevó a preguntarse por la existencia de artefactos y civilizaciones no terrestres que podrían haber dejado una huella en nuestro planeta, y dedicó sus esfuerzos a investigar las llamadas transientes: puntos de luz que parecen estrellas, pero que al compararse en placas fotográficas de años posteriores, desaparecen sin explicación.
Lo fascinante en la investigación de Villarroel es que el material examinado es anterior a 1957, fecha de lanzamiento del primer satélite artificial. En cierta ocasión, Beatriz se hallaba clasificando las placas fotográficas de julio de 1952. Como en otras ocasiones, las transientes surgieron, y uno de sus colaboradores le preguntó si sabía qué había ocurrido ese día. Grande fue la sorpresa al constatar la coincidencia: entre el 12 y 26 de julio de 1952 los ovnis se habían dejado ver –aunque no perseguir– sobre el aeropuerto, la Casa Blanca y el Capitolio de Washington. No es que no hayan intentado darles caza: eran más veloces que sus perseguidores. Tras horas de este juego que tanto les gusta a los visitantes –burlarse de los militares y sus sistemas defensivos–, los ovnis desaparecieron del radar y de la vista de los controladores aéreos y los miles de testigos en tierra, solo para reaparecer cuando a los aviones se les agotó el combustible.
El Halcón Milenario
¿Podría haberse quedado sin combustible un Halcón Milenario de visita en la edad de Piedra, cayendo al fondo del mar Báltico? La anomalía del Báltico, detectada en 2011 por el equipo de Ocean X, es una formación submarina que ha desatado todo tipo de especulaciones: desde estructuras geológicas inusuales hasta la posibilidad de un artefacto tecnológico, quizás de origen no humano, sumergido. Además del apagado de los equipos eléctricos reportados en sus inmediaciones, la anomalía tiene una forma que recuerda de manera inconfundible al Halcón Milenario de Star Wars. ¿Habrán aquellos nobles picapedreros auxiliado al náufrago estelar, y preguntado, tal como ocurre en la saga: cómo hiciste para llegar aquí en semejante cacharro?
Un conspiranoico en regla diría que la coincidencia entre forma y fondo, además de oportuna, magnífica y genial, es sospechosa. Un verdadero escéptico no dudaría un segundo en solicitar a Ocean X el material y los datos recolectados para desacreditar lo que luce como una maniobra publicitaria apoyada en una franquicia popular.
Sin embargo, Villarroel enfatiza que los académicos que desacreditaron la anomalía jamás examinaron los datos ni las pruebas científicas que respaldan el hallazgo. No resulta tan sorprendente que Beatriz se haya unido al grupo que fue su fuente de inspiración.
Donald Menzel, el destructor
En una entrevista con Jesse Michels de American Alchemy, Villarroel confiesa que su “archivillano favorito” es un célebre astrónomo de la década de 1950. En efecto, Donald Menzel, el famoso negacionista, que colaboró activamente con las autoridades de la época para ridiculizar el asunto de los ovnis con explicaciones prosaicas (se lo acusa de abusar de la inversión de temperatura para explicar los objetos no identificados, truco al que recurrió con la invasión de 1952, pero he observado en sus refutaciones una insólita predilección por las plumas de aves), ordenó a su secretaria destruir unas 300 placas fotográficas sin siquiera examinarlas, con la excusa de “ajustar el presupuesto” algo que al sufrido lector argentino le sonará familiar. Curiosamente las placas destruidas por Menzel son del periodo que podría haber arrojado datos valiosos en la investigación de Villarroel, aunque ella considera este hecho solo una desafortunada coincidencia.
En busca de escombros alienígenas
La gran sorpresa es la participación de Beatriz en un grupo que busca “crashes” de artefactos no identificados de origen no humano en Europa, un proyecto del que no quiso dar detalles, pero que, de tener éxito, podría resultar fundamental para la comprensión de un fenómeno que acompaña a la humanidad desde tiempos remotos. Su explicación de por qué estas evidencias no se han encontrado antes es lúcida: la sociedad ha sido condicionada para racionalizar y descartar estos fenómenos, interpretándolos automáticamente como proyectos militares secretos u objetos convencionales. Si aterrizara uno en tu jardín, sostiene ella, probablemente dirás: “es un artefacto militar, no lo toques”.
Ante la mención de la expedición en busca de restos alienígenas, el entrevistador exclamó: "¡Quiero ir!" y hace unas horas (primavera austral de 2025), en la cuenta de Facebook de Asberg, de Ocean X, posteó "Junto a Beatriz y Ocean X en busca de la verdad". ¿Lo habrán llevado a Jesse Michels? Hace unos meses, en una publicación que luego borró, el lider de Ocean X anunció que estaban a las puertas de un descubrimiento tan extraordinario que "tal vez no debería ser revelado a la humanidad". Suena tan emocionante como una campaña de marketing. El tiempo dirá si nos sacudirá una revelación increíble o el místerio seguirá acechàndonos sin dejarse atrapar.
Referencias:
Preprint de Beatriz Villarroel (Julio 2025): Aligned multiple transient events in the First Palomar Sky Survey (ResearchGate)
Facebook de Dennis Åsberg: Dennis World
Entrevista en YouTube: Jesse Michels con Beatriz Villarroel, Meet the Astronomer Tracking UFOs