Tras décadas de mantenerlo en secreto, un campeón de ajedrez le confiesa a otro su encuentro con un holograma que anticipó la partida Una noche en Solingen Vasily Smyslov está en su habitación de hotel, analizando posibles movimientos de la partida que jugará al día siguiente, cuando deba enfrentar a Robert Hübner. Es una noche fría de 1976, en Solingen, Alemania Occidental. ¿Importa que Smyslov, además de ajedrecista, sea barítono y guste de cantar mientras espera su turno en los torneos? ¿Es un mero detalle que Hübner, además de ajedrecista, sea papirólogo y se entretenga con jeroglíficos del antiguo Egipto en sus ratos libres? Sí, importa. Porque lo que está a punto de jugarse no es —como todos creen— la final de la Copa de Clubes Europeos entre el Burevestnik Moscow y el Solingen SG. Lo que está a punto de disputarse, y que nadie verá, es una confrontación entre el pasado y el futuro. Una partida destinada a dar jaque mate a tres ideas tranquilizadoras: el azar, el dete...