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El Caso Dionisio Llanca: Archivo. Nota de la revista Gente

 El 28 de octubre de 1973, en las afueras de Bahía Blanca, un joven camionero llamado Dionisio Llanca protagonizó uno de los incidentes de abducción más debatidos de la crónica periodística argentina. Lo que comenzó como un simple cambio de neumático en la Ruta 3 terminó en una experiencia de "tiempo perdido", amnesia y un relato que desafió a los especialistas de la época.

A continuación, presentamos la transcripción íntegra de la primera nota publicada sobre el caso, aparecida en la revista Gente N° 444, el 24 de enero de 1974. Esta pieza histórica es de un valor incalculable para investigadores y entusiastas, ya que captura el testimonio directo de Llanca y las primeras impresiones de los doctores Eduardo Matas y Eladio Santos, quienes utilizaron hipnosis y pentothal para intentar desentrañar qué ocurrió realmente en esas dos horas de vacío en la memoria del testigo.



ESTAS CINTAS ENCIERRAN LOS TESTIMONIOS DE UNA HISTORIA SENSACIONAL

Dionisio Llanca, 25 años, camionero, el 28 de octubre del año pasado, a la 1.15 de la mañana, se detuvo a un costado de la ruta 3, a 18 kilómetros de Bahía Blanca y vivió una experiencia, según su versión, alucinante: de un objeto luminoso descendieron dos hombres y una mujer de apariencia extraterrestre. Un grupo compuesto por psiquiatras, psicólogos, traumatólogos e hipnólogos lo sometió a varias sesiones de hipnosis y pentotal. Su relato abarca varias horas; esta es la síntesis de las grabaciones que los investigadores realizaron en este apasionante caso.


"Corrí camino abajo a la luz de la luna. No miré hacia atrás. Un pueblecito se extendía ante mí, oscuro y dormido. Yo sabía que mucho antes que amaneciera, yo llegaría a ese pueblo." Palabras finales de "El hombre ilustrado", de Ray Bradbury.

"Caigo, caigo lentamente en un potrero. Siento frío. Llego a la ruta y empiezo a caminar. No sé quién soy... ¿QUIÉN SOY?... Quiero saber la hora, ojalá encuentre a alguien que me ayude. ¿Dónde habrá un puesto de policía? ¿De dónde vengo?... ¿A dónde voy?... ¿Quién soy?..."

Curiosamente semejante, este segundo fragmento no fue elaborado por un escritor. Lo ha dicho un humilde muchacho de 25 años, de oficio camionero, llamado Dionisio Llanca. Y hoy lo estamos escuchando. Hay un escritorio, un grabador que en este momento ha sido detenido, y del otro lado un hombre morocho, robusto, pelo cano, sereno, afable: es el doctor Eduardo Matas, uno de los psiquiatras que forman parte del equipo que ha examinado minuciosamente a Dionisio Llanca a través de largas y agotadoras sesiones de hipnosis y penthotal. La cinta retrocede velozmente en el grabador. El aparato comienza a reproducir un nuevo diálogo. La voz del doctor Eladio Santos, el hipnólogo, llega un poco distante pero suena claramente con un acento que inspira confianza, relajamiento. La voz de Dionisio Llanca es más grave, monocorde, cansada. Se escucha su respiración jadeante y por momentos entrecortada.

—Contame qué hiciste el 27 de octubre, después de medianoche.

—Salgo de la estación de la Esso, en la calle Don Bosco, tengo una goma pinchada, después la voy a cambiar.

—¿Por dónde viajás?

—Por la ruta 3.

El lugar después será identificado porque al costado del camino, sobre la banquina, se hallará el camión que Llanca conduce, con el gato colocado y la rueda preparada para hacer el cambio. Se escuchan unos ruidos en el grabador que corresponden a los movimientos de Llanca: en estado de hipnosis está reproduciendo, con gestos, movimientos y actitudes, la situación que realmente ha vivido el domingo 28 de octubre de 1973, aproximadamente a la hora 1.15.

—¿Qué estás haciendo ahora?

—Estoy por cambiar la goma. Viene una luz, amarilla... como la de los faros de un Peugeot.

La voz de Dionisio Llanca se va debilitando. Entrecortadamente responde que siente un gran cansancio, una profunda fatiga. Su estado señala un decaimiento total.

—¿QUIÉNES SON?... ¿QUÉ QUIEREN?... No, por favor, no me hagan nada... llévense el camión y la plata.

—¿A quiénes estás viendo, Dionisio?

—Ellos, dos hombres... también hay una mujer...

—¿Cómo están vestidos?

—Trajes plateados, muy ajustados al cuerpo... Y botas y guantes...

—¿De qué color son los guantes?

—Amarillo, amarillo naranja...

—¿Te hablan?

—No... Siento un zumbido, como un colmenar de abejas o una radio mal sintonizada...

—¿Te amenazaron?

—No... Uno se acerca, me toma la mano y me pincha con un aparato.

—¿Te duele?

—No...

—¿Cómo es el aparato?

—Parecido a una máquina de afeitar eléctrica.

—¿Qué te hacen ahora?

—Me llevan... ¿A dónde me llevan?...

¿QUIÉN SOY?... YO...

En la madrugada del 28 de octubre, en un estado de amnesia total, Dionisio Llanca llegó al Hospital Municipal de Bahía Blanca. Había despertado en un potrero de la Sociedad Rural. Caminó o fue llevado por algún automovilista hasta el hospital. El lugar donde recuperó la conciencia está a unos nueve kilómetros y medio del punto donde quedó estacionado el camión que conducía. En el ínterin, habían transcurrido dos horas aproximadamente. Y en ese lapso el camionero HABÍA VIVIDO UNA EXPERIENCIA ALUCINANTE, ÚNICA.

En la mañana del domingo Dionisio Llanca es examinado por el doctor Ricardo Smirnoff, traumatólogo y médico forense. Según ese examen, el muchacho no presenta lesiones visibles, pero se resiste a que le toquen la cabeza, como quien tiene allí localizada una profunda dolencia. Apenas si son percibidas (pero en ese momento no se le presta mucha importancia) unas ligeras escoriaciones sobre el párpado izquierdo, en forma de pequeños puntitos. Después este detalle será fundamental en la investigación del caso.

El estado de confusión se mantiene en Llanca hasta el día 29, pero ya antes ha podido recordar todo lo sucedido desde el momento en que salió de la estación de servicio hasta "este punto". Desde luego, "este punto" es la señal roja encendida en el grabador, indicando que la cinta está detenida.

Dionisio Llanca sufre la noche anterior de pesadillas. Está cansado, deprimido. Esa tarde se recupera y accede, ante el pedido formulado por los médicos, para someterse al penthotal y establecer así lo sucedido en esas dos horas alucinantes. No obstante, por su cuenta desaparece del hospital y se instala en la modesta casa de su tío, ubicada en la calle Chubut al 1600. Recién unos días más tarde, cuando las pesadillas con "extraños seres de otro planeta" se suceden, angustiándolo intensamente, llegará al consultorio del doctor Eduardo Matas en busca de ayuda. Se produce una segunda internación y esa noche Dionisio Llanca es entrevistado por un grupo de psiquiatras dirigido por el doctor Matas. Se le realizan algunos tests y el camionero dibuja el identikit de los "extraños visitantes". Surge la primera gran duda en los investigadores sobre la personalidad de Llanca y en cuanto a la veracidad de su versión: los dibujos reproducen seres DEMASIADO PARECIDOS a los héroes de las historietas populares de ciencia ficción.

Días más tarde se verá que esta duda, aun cuando está perfectamente fundada, también tiene una sólida contrapartida...

DICEN QUE VIENEN DESDE MUY LEJOS

Se le realiza un electrocardiograma para establecer si puede recibir el penthotal y, cumplido ese paso, el camionero vuelve a la casa de su tío, con el compromiso de presentarse en el consultorio del doctor Matas en la noche del 6 de noviembre.

Sin embargo, esa noche no cumple la cita y es necesario que los médicos lleguen hasta la humilde casita de la calle Chubut. Dionisio Llanca ha comido abundantemente y ha bebido un par de vasos de vino. Pero esto resulta suficiente para impedir que se le administre penthotal. Se realiza, en cambio, la primera sesión de hipnosis. El plantel de profesionales reunido para investigar "El caso Llanca" está dirigido por los doctores Matas y Santos, e integrado, además, por dos psiquiatras, un traumatólogo y dos psicólogas. Una de las condiciones impuestas para acceder a esta entrevista es que los nombres de estos colaboradores no se den a conocer.

Pero prosigamos con esta primera sesión. Los ceniceros ya están atestados de colillas. Seguiremos todavía bebiendo café y jugos de pomelo durante varias horas. Ahora el grabador está nuevamente en marcha...

—Subo con los dos hombres.

—¿Por dónde subís, por la escalera?

—No, por un rayo de luz...

—Contame todo lo que estás viendo.

—El piso es como de plomo... plateado... hay una sola ventana, redonda...

—¿Qué te hace acordar lo que estás viendo?

—A un barco...

—Describime todo lo que veas...

—Hay muchos aparatos, muchos... dos televisores... una radio. En uno de los televisores se ven las estrellas.

—¿Ellos te hablan?

—Me habla la radio.

—¿En qué idioma te habla la radio?

—Y, en castellano...

—¿Qué te dicen?

—Que no tenga miedo... que son amigos, que vienen desde hace mucho tiempo.

—¿Te dijeron de dónde venían?

—Me dijeron que eso era un secreto de ellos.

—¿Ellos han hablado con otros hombres de la tierra?

—Sí, desde el año 50.

—¿Qué están haciendo?

—Quieren saber si podemos vivir en la tierra de ellos.

—¿Cómo es el lugar en que estás?

—Iluminado... Amarillo... Hay como una caja fuerte...

—¿Qué estás mirando ahora?

—El encendedor. Lo tienen arriba de una mesa, junto con el reloj y mi paquete de cigarrillos...

—Seguí contando...

—La mujer se pone un guante... Negro, con unas tachuelitas en la palma; se acerca, me toca...

En ese momento, durante la sesión de hipnosis, Dionisio Llanca se lleva la mano a la frente, cubriéndose (tratándose de cubrir, mejor dicho) el párpado izquierdo. Se contrae, como quien siente un pinchazo allí, y entra en un profundo letargo. Cuando sale, su próximo recuerdo es... "Caigo, caigo lentamente en un potrero. Ellos me han dicho que volverán a buscarme. Siento frío. Llego a la ruta y empiezo a caminar. ¿Quién soy...?".

En estado de hipnosis, Dionisio Llanca reproduce el momento de amnesia total vivido al despertarse en el potrero de la Sociedad Rural. A esa primera sesión de hipnosis le sucederán otras dos y una de penthotal. Todo lo dicho por Dionisio Llanca ha sido registrado en varias horas de grabaciones. En cada una de las sesiones el camionero repite exactamente el mismo relato, sin NINGUNA CONTRADICCIÓN. Pero cabe tener en cuenta que es bajo el penthotal cuando Llanca ha revelado detalles complementarios que no aparecieron en la hipnosis.

"¿UN VIAJE INTERRUMPIDO?..."

—Doctor Matas, ¿usted está conforme con el resultado de esta investigación?

—No. Y le voy a explicar: hemos cometido muchos errores. Escuchando atentamente la primera grabación, por ejemplo, puede darse cuenta de que hay algunas preguntas que llevaban implícita la respuesta. Esto se corrigió cuando la conducción de la hipnosis quedó exclusivamente a cargo del doctor Eladio Santos.

—¿Cómo explicar, científicamente, el notable parecido entre el identikit realizado por Dionisio Llanca de los supuestos seres extraterrestres con las ilustraciones convencionales de las historietas?

—Hemos cotejado los dibujos de Llanca con las ilustraciones realizadas por el matrimonio Hill, en Estados Unidos, en 1961, y el parecido es asombroso. Si bien esto no descarta esa primera objeción, resulta, por otra parte, que los Hill fueron atendidos y tratados mediante psiquiatría e hipnosis.

—¿Qué otro parecido hay entre la experiencia del matrimonio Hill, una pareja que aparentemente estuvo en un objeto volador durante un lapso de dos horas, y el caso de Dionisio Llanca?

—Amnesia en el momento inmediatamente posterior al contacto, fatiga, pesadillas, alucinaciones. El cuadro, en ambos casos, guarda una gran semejanza.

—¿Es probable que el conocimiento del caso Hill por parte de los investigadores haya INDUCIDO en Llanca las respuestas que más favorecieran las expectativas de ustedes?

—No. Para la mayoría de nosotros el suceso Hill era apenas una referencia. El libro que publicó John Fuller sobre esa historia, que se llama "El viaje interrumpido", lo leí después de empezar el tratamiento con Llanca. No obstante, quiero hacer la advertencia de que todo este proceso ha sido contaminado por esos errores iniciales, de manera que no se puede atribuir una total veracidad a lo dicho por Llanca, ni aun en estado de hipnosis o bajo los efectos del penthotal.

—¿En qué medida varió la conducta de Llanca desde entonces?

—Si bien su conducta exterior y cotidiana se modificó (y esto no se lo puedo contar porque pertenece a la historia clínica de un paciente), esto no desvirtúa el valor de sus relatos: usted ha observado la coherencia de todos. En cada sesión ha repetido exactamente la misma historia. Un mistificador, por ejemplo, hubiese tratado de ser más preciso, de señalar detalles. Dionisio Llanca cuenta "todo lo que ve" con su lenguaje limitado, y con la misma escasa imaginación que ha revelado en los test que se le hicieron.

DICE "SU" VERDAD

Ya pasado mediodía tenemos que hacer una pausa para almorzar. Después, inmediatamente después, nos iremos con el doctor Matas y su destartalado Chevrolet 400 rumbo a la quinta del doctor Eladio Santos. Por supuesto, en la comida, durante el viaje y ahora, que estamos instalados en un fresco y aireado jardín, seguimos saboreando el dulce y a veces aguijoneante placer de la duda...

—¿Dice la verdad Llanca, doctor Santos?

—DICE SU VERDAD... Yo era el más escéptico del grupo al comenzar el trabajo, y actualmente lo único que puedo decir es que, sometido a métodos que en la práctica normal son aceptablemente confiables, como la hipnosis y el penthotal, ha dicho lo que él cree haber vivido...

—¿Mediante esos métodos, hasta qué punto es discernible la verdad que el sujeto siente, vive y transmite, con la verdad tal como objetiva y realmente es?

—Ese es, justamente, el límite de la cuestión...

Aquí hemos llegado a un punto crítico: a los defectos en la metodología empleada (reconocida por los doctores Santos y Matas) se agrega una cuestión insoslayable: la verdad, tal y como cada uno de nosotros la puede percibir, puede no coincidir con la verdad objetiva, "despersonalizada", si se nos permite usar ese término no demasiado correcto pero ilustrativo.

—¿Es infalible el tratamiento con hipnosis o penthotal?

—No hay ninguna metodología infalible. Pero en los casos "TRADICIONALES" posibilita el rescate de los recuerdos guardados en el subconsciente. Al liberar barreras internas, represiones, el sujeto no puede controlarse y dice "su verdad".

—¿Pero aun así es posible mentir?

—Es posible. Pero justamente con la hipnosis Dionisio Llanca ha sido sometido a un exhaustivo examen psiquiátrico. Se ha recorrido minuciosamente su vida, se ha rastreado pacientemente su pasado. Y no hay indicios que puedan sugerir que nos ha mentido. Aun cuando, naturalmente, su relato no es lo suficientemente válido como para dar por sentado su contacto, en una nave espacial, con seres extraterrestres. Por otra parte, el análisis de la personalidad de Llanca descarta que sea un simulador.

"¡QUÉ SÉ YO!..."

Pacientemente hemos escuchado a lo largo de varias horas las cintas grabadas con los relatos de Llanca en busca de algunas fallas: no aparecen. Usa palabras simples, de acuerdo a su lenguaje habitual y a su nivel cultural. No es un "charlatán". Necesita ser estimulado con preguntas. Cuando no puede responder sobre la acción que está evocando en ese momento responde invariablemente: "qué sé yo... no sé...".

Bajo los efectos del penthotal, su relato (cargado de angustia por efecto de la droga) resulta un tanto más preciso. Allí señala que la nave tiene un ojo de buey, también cuenta que en un momento dado conectan "dos caños". Uno a una torre de alta tensión, el otro a una pequeña laguna. A esa hora, ese día, el consumo de energía eléctrica aumentó sustancialmente, pero los técnicos explicaron que ello podía deberse a diversas causas. ¿Coincidencia o algo más?

Llanca tuvo "problemas" en la casa de su tío. Se fue a Trelew y allí trabaja en su oficio de camionero. Tenía una novia, Marta Gaitán, a la que conoció después de su extraña aventura. La chica ya ha comprado su vestido de novia y pensaba casarse el 25 de enero, pero el muchacho no le escribe desde hace dos meses. Ella no sabe nada de él ni puede explicarse su actitud. Marta le escribió una carta a los padres de Dionisio, y ellos le respondieron que no querían saber nada de él y que le habían prohibido que volviera a su hogar, en Ingeniero Jacobacci, provincia de Río Negro.

"NO ME ACUERDO DE NADA MÁS, DE NADA MÁS..."

El contacto de Llanca con los supuestos seres extraterrestres comienza a la 1.15 del domingo y concluye a la madrugada en un potrero. El relato que hace tiene, entonces, lagunas en el tiempo.

—Efectivamente. Hemos reconstruido el camino aparentemente recorrido por Llanca desde el momento en que despierta, y después "sabe", por un camionero, que son pasadas las tres de la mañana, y que su reloj lo ha "perdido". Su relato, ya en el interior del objeto volador, abarca aproximadamente media hora. Quiere decir que hay un pasaje en su vida (una hora y media a dos horas) que está sumido en una amnesia total.

—¿No es posible recuperar esa porción de tiempo que ha vivido con los métodos utilizados?

—Nosotros no lo hemos logrado.

—¿Es probable que los supuestos extraterrestres le hayan borrado de su memoria el recuerdo de lo ocurrido en ese tiempo?

—Se puede suponer que sí...

—¿De manera que ni aun la hipnosis o el penthotal han recuperado "ese tiempo que falta"?

—Ya le dije: no ha sido posible...

"PROMETIERON QUE VOLVERÁN POR MÍ..."

El balance que los doctores Matas y Santos formulan sobre "El caso Llanca" puede resumirse así: Necesitamos que, en el futuro, se eviten los errores que nosotros hemos cometido por falta de una técnica adecuada. Es preciso que los investigadores tomen todos los recaudos para evitar que la información recibida sea contaminada. También existe una gran responsabilidad por parte de los medios de difusión. Es necesario quitar todo viso de sensacionalismo a hechos que, si aún escapan a nuestros métodos de conocimientos tradicionales, no por ello pueden ser negados dogmáticamente.

Una última pregunta, que a esta altura puede parecer un poco obvia... ¿Ustedes creen en los platos voladores?

—No disponemos de ninguna manera de probar que Llanca NO ESTUVO en un objeto volador. Ni disponemos de una técnica capaz de probar QUE SÍ ESTUVO. Dionisio Llanca ha contado, bajo hipnosis y penthotal, siempre la misma historia. Y la historia es que estuvo en un plato volador, con dos hombres altos y rubios, de pelo corto, y una mujer rubia y de pelo largo, que esos seres tenían trajes plateados y hablaban entre sí con un murmullo parecido al zumbido de las abejas en un colmenar, y que ellos le prometieron volver.

ROBERTO E. TORRES

Fotos: CARLOS H. FLORES

(Enviados especiales a Bahía Blanca)


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