jueves, 25 de diciembre de 2025

Ovnis más grandes por dentro que por fuera

Dentro del inmenso archivo de rumores ufológicos hay una característica que destaca por su rareza y persistencia


El incómodo interior del ovni

Dentro del inmenso archivo de rumores ufológicos hay una característica que destaca por su rareza y persistencia: la afirmación de que ciertas naves o artefactos “recuperados” son mucho más grandes en su interior que en su exterior aparente.

No se trata de un detalle pintoresco. Es una afirmación que, de ser cierta, pondría en entredicho nuestras nociones más básicas sobre la naturaleza del espacio, algo tan obvio que ni siquiera solemos detenernos a pensarlo.

Esto implicaría que nuestra geometría cotidiana —euclidiana, estable, intuitiva— no es la única posible. Que el espacio puede ser tratado como material maleable. Que el “adentro” y el “afuera” no son absolutos. Significaría, en una palabra, que ni siquiera sabemos dónde estamos parados.

Muchos escépticos creen que esta idea se originó a finales de la década de 1980 con los relatos de John Lear. En uno de ellos, un fotógrafo o ingeniero militar es conducido a una instalación subterránea donde se encuentra un platillo de unos diez metros de diámetro. Sube por una escalera, entra y se detiene estupefacto: el interior es tan grande que se podría arrojar una pelota sin que alcance la pared opuesta. Confundido, baja unos escalones para verificar que no se ha equivocado. El objeto sigue siendo pequeño por fuera.

John Lear es un declarante polémico y sus afirmaciones deben ser tomadas con pinzas. Sin embargo, hay testigos independientes que ya se habían encontrado antes con esta problemática geometría.

Un ejemplo clásico es el caso de Carl Higdon (Wyoming, 1974). Higdon relató haber sido abducido mientras cazaba, junto con cinco alces. Según su testimonio, los animales, otros dos alienígenas y él mismo cabían sin dificultad dentro del objeto, aunque desde afuera la nave —cúbica, sin ventanas ni puertas visibles— parecía demasiado pequeña para albergarlos.

Los casos de Betty Andreasson (Massachusetts, 1967) y Travis Walton (Arizona, 1975) también describen naves relativamente pequeñas —de unos diez metros— que en su interior contienen salas laberínticas e incluso hangares.

Si estos relatos fueran excepciones aisladas, podrían descartarse sin demasiada dificultad. El problema es que no lo son.


Discusión tras bambalinas 

Como la existencia de un objeto tecnológico semejante nunca se confirma oficialmente, no vemos a físicos y matemáticos discutiendo este problema en foros abiertos. Lo curioso es que sí parecen hacerlo tras bambalinas.

Eric Davis, físico vinculado a programas clasificados del Pentágono, se ha referido indirectamente a la tecnología de naves “recuperadas” asegurando que “simplemente no la comprendemos”. Aunque no alude de forma explícita a naves más grandes por dentro que por fuera, ha señalado otras características anómalas de su interior, como la ausencia de sistemas de propulsión reconocibles, sugiriendo que podrían teletransportar energía desde ubicaciones remotas.

Un testimonio que sí aborda directamente el tema y sorprende por la credibilidad del denunciante proviene del ex oficial de inteligencia de la Fuerza Aérea David Grusch. En una conferencia privada para unas sesenta personas, celebrada en Nueva York en 2023, afirmó que sus fuentes trabajaron en un UAP de doce metros que resultó ser “del tamaño de un campo de fútbol” cuando ingresaron. El acceso al artefacto causaba náuseas y desorientación, y unos minutos dentro equivalían a cuatro horas fuera.

No importa demasiado si el relato es verdadero. Importa que sobrevive, que se reproduce, que reaparece una y otra vez como si señalara un punto ciego persistente de nuestra comprensión.


Una genealogía del espacio maleable 

Contrariamente a lo que podría suponerse, esta idea no nace con los platillos voladores, ni con John Lear, ni con la TARDIS de Doctor Who —una cabina policial diminuta por fuera, infinita por dentro—. La idea precede a estos ejemplos por miles de años.

En la mitología irlandesa y escocesa, los sídhe —colinas o túmulos aparentemente normales— esconden en su interior salones interminables donde habitan los Aos Sí o Tuatha Dé Danann, dioses antiguos derrotados y exiliados bajo tierra.

Tradiciones beduinas y persas hablan de tiendas nómadas que, bajo el poder de un djinn, se expanden internamente para albergar multitudes o tesoros.

En la tradición taoísta china, un inmortal puede entrar en una calabaza mágica (húlu) que por dentro contiene un mundo entero, con cielos, tierras y ejércitos. Otra calabaza con propiedades similares aparece en relatos vinculados al dios Eshu, en tradiciones de África occidental.

El Palacio submarino del Rey Dragón (Ryūgū-jō), en la mitología japonesa, parece un castillo más por fuera, pero en su interior es un reino completo, con salones donde el tiempo y el espacio se alteran: días equivalen a siglos en el mundo exterior.

El Pushpaka vimana, robado por Ravana y luego recuperado por Rama en la tradición hindú, aparece como un carro o palacio flotante modesto, adornado con flores. Sin embargo, internamente contiene jardines, piscinas, habitaciones inmensas e incluso ciudades. Puede expandirse o contraerse a voluntad, acomodando ejércitos o cambiando de tamaño según el usuario. En el Ramayana se describe volando a velocidades increíbles, invisible si se desea, y con interiores que desafían la física euclidiana.

Y la lista no se agota aquí.

No estamos ante fantasías arbitrarias, sino ante una estructura persistente: la sospecha de que el espacio puede estar plegado, estratificado o directamente desobedecer a la percepción inmediata.


Donde las explicaciones se estrellan

Las explicaciones tradicionales intentan domesticar el problema apelando a ilusiones perceptivas, errores de memoria, exageraciones o fraudes. O bien, en clave tecnológica, a materiales inteligentes o metamateriales capaces de distorsionar el espacio al atravesar una puerta.

Pero incluso estas lecturas modernas tropiezan con un límite: no explican la discrepancia volumétrica, ni cómo algo puede contener kilómetros donde solo hay metros. Es una paradoja contraria a la intuición, donde la teoría de cuerdas podría tener algo que decir. Sin embargo, por ahora no se ha pronunciado.

Aquí reaparece una observación temprana de Stanton Friedman: “las máquinas también fallan”. Si estos objetos existen y se estrellan, no son artefactos perfectos, pero tampoco simples máquinas humanas de tecnología secreta. Son un inmenso signo de pregunta que se erige desafiante en un mundo que creía tener algunas certezas.

Y frente a la idea contemporánea de que serían “regalos”, artefactos dejados deliberadamente para ser encontrados, la pregunta vuelve a abrirse: ¿regalos de qué tipo? ¿Para quién? ¿Con qué manual de uso?

Si un objeto así existe e irrumpe en nuestro mundo, las implicaciones son profundas. No estamos ante una nueva fuente de energía ni ante un nuevo medio de transporte, sino ante una tecnología que opera sobre el espacio mismo y lo reorganiza. En ese sentido, el verdadero impacto no sería científico, sino ontológico.


El apocalipsis geométrico

La palabra “apocalipsis” no alude aquí a destrucción, sino a su etimología original: revelación. El descubrimiento de que el espacio no es lo que creíamos.

Si un objeto puede ser más grande por dentro que por fuera, entonces nuestras nociones de límite, frontera, propiedad y escala colapsan. El mundo no se destruye: se reconfigura.

Este sería un apocalipsis silencioso, geométrico, casi burocrático. Un reinicio completo de la civilización fundado en una nueva comprensión de la topología.


Arquitectura del pliege

Aquí surge una pregunta que se aleja del contexto alienígena y se vuelve inesperadamente humana. Si esta propiedad del espacio existe y suponiendo que algún día aprendamos a manipularla, ¿qué implicaciones tendría para algo tan cotidiano como la arquitectura?

Imaginemos un futuro remoto donde habitamos casas más grandes por dentro que por fuera. Ciudades discretas externamente, pero vastísimas en su interior. Viviendas que no ocupan espacio urbano, pero lo multiplican.

¿Cómo cambiaría nuestra relación con el territorio, el hacinamiento, la propiedad, la intimidad? ¿Podría esta arquitectura interferir con el espacio circundante? ¿Es posible plegar el espacio sin distorsionar también el tiempo? Testimonios antiguos y contemporáneos parecen insinuar una respuesta inquietante.

El arquitecto David Vincent volvería a tener un trabajo decente. Ya no debería perseguir invasores de origen desconocido, sino aprender las reglas de una geometría que siempre estuvo ahí, esperando ser descubierta y utilizada.


El poder como control del espacio

La discusión popular sobre la “desclasificación” suele quedar atrapada en una fantasía casi infantil: la idea de que “el poder detrás del poder” ha conseguido, mediante tecnología inversa, una fuente de energía gratuita y la mantiene oculta.

Pero si tomamos en serio la hipótesis del objeto más grande por dentro que por fuera, el verdadero secreto no sería energético, sino espacial.

Controlar el espacio es infinitamente más decisivo que controlar la energía. La energía mueve máquinas. El espacio redefine lo posible.

Un artefacto capaz de contener kilómetros en metros volvería irrelevantes las fronteras, la logística, la densidad poblacional, la infraestructura e incluso el concepto mismo de territorio nacional.

Desde esta perspectiva, el silencio no sería una conspiración, sino una imposibilidad política. No hay forma de integrar algo así sin desarmar por completo el orden existente.

El Estado moderno se funda sobre tres pilares: territorio delimitado, población contenida y soberanía ejercida en ese espacio. Una cápsula topológica rompe los tres al mismo tiempo.

¿Cómo se regula algo que no ocupa el mismo espacio por dentro que por fuera? ¿Dónde se cobran impuestos a un volumen que no figura en el catastro? ¿Cómo se inspecciona un interior que no corresponde a su exterior?

No se puede anunciar algo que vuelve obsoleto al propio anunciante.


Objetos que alojan mundos

Metafísicamente, el problema es todavía más delicado. Desde Aristóteles hasta hoy, damos por sentado que el mundo contiene las cosas. Pero el objeto más grande por dentro que por fuera sugiere lo contrario: las cosas pueden contener mundos.

Eso no es una anomalía técnica, sino una inversión ontológica.

Ya no vivimos en un universo que aloja objetos, sino en uno donde los objetos pueden alojar universos. El mundo deja de ser el último contenedor.

Aquí vuelve con fuerza la observación de Carl Jung: “el fenómeno no se deja atrapar”. No se deja atrapar porque no pertenece a una sola arista de la realidad. No es estrictamente físico, ni tecnológico, ni psicológico. Es transversal.

Cada intento de fijarlo —como arma, como nave, como mensaje o como amenaza— lo desdibuja. Y quizá por eso responde con ambigüedad. No porque oculte algo, sino porque no cabe en nuestras categorías.

Tal vez el problema no sea que existan objetos más grandes por dentro que por fuera.

Tal vez el verdadero escándalo sea que durante siglos creímos vivir en un mundo que nos contenía, cuando en realidad siempre habitamos un espacio provisional, listo para ser utilizado de maneras nunca antes imaginadas.

El apocalipsis no será una invasión ni una revelación moral.

Será una corrección geométrica.


domingo, 21 de diciembre de 2025

La partida anticipada

 Tras décadas de mantenerlo en secreto, un campeón de ajedrez le confiesa a otro su encuentro con un holograma que anticipó la partida 



Una noche en Solingen

Vasily Smyslov está en su habitación de hotel, analizando posibles movimientos de la partida que jugará al día siguiente, cuando deba enfrentar a Robert Hübner.

Es una noche fría de 1976, en Solingen, Alemania Occidental. ¿Importa que Smyslov, además de ajedrecista, sea barítono y guste de cantar mientras espera su turno en los torneos? ¿Es un mero detalle que Hübner, además de ajedrecista, sea papirólogo y se entretenga con jeroglíficos del antiguo Egipto en sus ratos libres?

Sí, importa. Porque lo que está a punto de jugarse no es —como todos creen— la final de la Copa de Clubes Europeos entre el Burevestnik Moscow y el Solingen SG. Lo que está a punto de disputarse, y que nadie verá, es una confrontación entre el pasado y el futuro. Una partida destinada a dar jaque mate a tres ideas tranquilizadoras: el azar, el determinismo y el libre albedrío.

El visitante imposible

Junto al tablero humea una taza de té. Smyslov se restriega los ojos. Al volver la mirada, piensa que ve una figura caprichosa formada por el vapor. Pero no: el humo se consolida en la silueta de un ser traslúcido, algo que hoy llamaríamos sin dudar un holograma.

La idea de un holograma no era popular en los años setenta, pero lo que hace esa figura a continuación no es una idea popular ni siquiera hoy. Sin hablar, se inclina sobre el tablero y empieza a mover las piezas. Las blancas. Luego las negras. Una secuencia completa.

Smyslov no comprende del todo lo que ocurre, pero logra dominar la sorpresa y anota las jugadas. No porque desconfíe de su memoria, sino porque algo le dice que ese registro será decisivo.

Ahí comienza el verdadero problema.

La paradoja del ajedrez perfecto

El ajedrez se basa en la anticipación, pero siempre hay un primer movimiento que inaugura el juego. Anticipar una partida entera no es una extensión natural de esa lógica: es su negación. Si la secuencia ya está fijada, el ajedrez deja de tener sentido como juego. A lo sumo, puede servir con fines pedagógicos.

Savielly Tartakower decía: «El movimiento está ahí, pero debes verlo». Una cosa es ver el movimiento correcto; otra muy distinta es que te muestren la partida completa.

Smyslov lo entendió de inmediato. Y entendió también que debía decidir. Podía ignorar lo ocurrido y jugar con normalidad, conservando su libre albedrío, pero renunciando para siempre a comprobar si aquello había sido real. O podía jugar exactamente la partida que le fue mostrada, sacrificando deliberadamente su libertad de elección para verificar la predicción.

La paradoja es evidente: la única forma de comprobar la profecía era obedecerla.

Smyslov eligió saber.

Tablas

Al día siguiente, la partida se desarrolló tal como había sido anticipada. Movimiento por movimiento. Sin desviaciones. El resultado fue tablas.

Nadie ganó. Nadie perdió.

El ajedrez, además de un juego, es una simulación estratégica: un modelo abstracto del conflicto. Un empate perfecto es una forma estable de resolución.

La confesión tardía

El mundo tuvo que esperar casi cincuenta años para que Smyslov —ya anciano— le confesara su experiencia a Kirsan Ilyumzhinov, quien durante años fue presidente de la Federación Internacional de Ajedrez.

La confesión dependía de una pregunta previa. Smyslov quiso saber si las experiencias de contacto con entidades no humanas que Ilyumzhinov había hecho públicas en los años noventa eran reales. «Sí, por supuesto», respondió Kirsan. Animado por esa respuesta, Smyslov relató su encuentro con el holograma que sabía demasiado.

Cuando Kirsan le preguntó por qué había guardado silencio durante tanto tiempo, Smyslov señaló a su esposa, Nadezhda, que estaba presente, y explicó que había seguido su consejo. Luego la miró y preguntó: «Entonces, ¿ahora podemos publicar los registros?»

Hasta hoy, nadie ha visto esos registros. La anécdota quedó preservada en una entrevista que Jesse Michels (American Alchemy) le realizó a Ilyumzhinov el 15 de diciembre de 2025.

Pasado fragmentario, futuro cerrado

Hay dos detalles que iluminan esta historia desde ángulos inesperados.

Smyslov era barítono y solía cantar durante los torneos. El canto no admite bifurcaciones: una obra se ejecuta de principio a fin. No se corrige sobre la marcha. Se interpreta una forma ya escrita. Para alguien habituado a ese tipo de ejecución, jugar una secuencia predeterminada no implica necesariamente sumisión, sino fidelidad.

Su rival, Robert Hübner, era especialista en textos antiguos fragmentarios: papiros, inscripciones, jeroglíficos. Su trabajo consistía en reconstruir sentido a partir de restos incompletos, en leer el pasado como ruina.

En el tablero se enfrentaron, entonces, el pasado incompleto y el futuro cerrado. El lector de fragmentos y el ejecutor de una partitura anticipada. El resultado no fue la victoria de uno sobre otro, sino el equilibrio.

El holograma y la historia

¿Por qué esta anécdota parece una imagen perfecta de la Guerra Fría, cuando se alcanzaba una paz relativa a costa de una destrucción mutua asegurada? ¿Quién —o qué— era el holograma que anticipó la partida? ¿Qué intentaba demostrar?

La lectura literal es inquietante: que la partida de la historia ya esté prefijada y que, para alcanzar el único resultado deseable —el equilibrio—, baste con mover las piezas según una partitura.

Pero el holograma se fue sin revelar el truco.

Tal vez el libre albedrío no consista en elegir el desenlace, sino en decidir si queremos conocerlo. Tal vez el determinismo no sea una cárcel, sino un tablero. Tal vez el azar no decida nada, y sólo sea el ruido de una moneda mientras cae.

Lo que parece sugerir el holograma que sabía demasiado es que el futuro no es inocuo, y que puede intervenir activamente en nuestras decisiones. Y que la humanidad nunca lo sabrá del todo hasta que consiga derribar un muro más alto que el que cayó en 1989.

El tiempo dirá.

domingo, 2 de noviembre de 2025

¿Podemos realmente viajar al pasado o al futuro con la mente? Lo que la CIA intentó descubrir

 


En 1983, un informe del Ejército de los Estados Unidos —desclasificado décadas después bajo el nombre Analysis and Assessment of the Gateway Process— se atrevió a plantear algo que aún hoy parece ciencia ficción: que la mente humana, en ciertos estados de conciencia, podría acceder a información situada fuera del tiempo. No se trataba de viajes físicos ni de máquinas del tiempo, sino de saltos informacionales, donde la conciencia “lee” patrones del pasado o el futuro como si fuesen frecuencias de radio.

El secreto del “Gateway”: sincronizar el cerebro como un radar

El Gateway Process nació en el Monroe Institute y se basaba en una técnica conocida como Hemi-Sync, una combinación de tonos binaurales —frecuencias ligeramente distintas en cada oído— que inducen al cerebro a generar una tercera onda interna.

 Esa resonancia, según los investigadores, sincroniza ambos hemisferios y produce una coherencia cerebral que favorece estados alterados de conciencia. En esos estados, el individuo puede alcanzar niveles llamados Focus 10, Focus 15 o Focus 21, donde afirma percibir realidades distintas o incluso “moverse” por la línea del tiempo.

El modelo teórico: un universo holográfico y fuera del tiempo

El documento se apoya en ideas del físico David Bohm y del neurocientífico Karl Pribram: el universo sería un holograma, y cada punto contendría la información del todo.

 Si la conciencia puede sintonizar ese “campo holográfico”, entonces el pasado y el futuro no serían lugares a los que se viaja, sino registros a los que se accede.

 El tiempo dejaría de ser una secuencia y pasaría a ser un archivo completo: una cinta que la mente puede rebobinar o adelantar si logra el estado vibratorio adecuado.

¿Qué hay de real en todo esto?

Hay evidencia sólida de que los binaural beats modifican la actividad cerebral: aumentan la coherencia entre hemisferios, influyen en las ondas alfa y theta, y pueden inducir relajación profunda o concentración intensa.

 Eso es innegable.

 Pero extrapolar de ahí que podamos percibir el futuro o revivir el pasado es un salto mucho más grande.

 Hasta hoy no hay prueba de que la conciencia pueda acceder a información temporalmente desplazada de manera verificable. Los experimentos que lo intentaron no superan los estándares científicos de control y repetibilidad.

Usos posibles y advertencias

Pese a todo, el método Gateway sigue siendo un laboratorio fascinante.

 En contextos experimentales o terapéuticos —por ejemplo, para explorar casos de “tiempo perdido” o practicar sesiones de retrospección guiada— puede servir como herramienta de observación interna.

 Ayuda a expandir la memoria, a revivir escenas olvidadas y a experimentar la sensación de desplazamiento temporal sin moverse del lugar.

 Pero conviene tener claro su límite: lo que se obtiene es una experiencia subjetiva, no una grabación objetiva del tiempo.

Entre la ciencia y el mito

El informe Gateway es un documento único porque combina lenguaje militar, mística cuántica y neurofisiología.

 Nos recuerda que el ser humano lleva siglos intentando comprender si el tiempo es una calle de un solo sentido o un mapa plegable que la mente puede recorrer.

 Tal vez el mérito real de aquel experimento no fue probar que podemos viajar al pasado o al futuro, sino mostrar hasta qué punto la conciencia misma sigue siendo un territorio sin cartografiar.



domingo, 21 de septiembre de 2025

Una astrónoma emprende el vuelo a bordo del Halcón Milenario

 Gatos en platillos volantes 

Difícilmente Beatriz imaginaba, a la edad de seis años, cuando escribió un ensayo sobre gatos en platillos voladores, que estaba esbozando el tema de su investigación actual, siendo ya una astrónoma reconocida. 

Su amor por los gatos le llevó a comprender que la visión infrarroja no es el método más adecuado para abordar el estudio de los objetos voladores no identificados ya que, según afirma, le interesa comprender el fenómeno desde una óptica humana. Este enfoque, deslizado como un comentario al pasar, pero tan revolucionario para la ufología moderna como lo fue la visión de John Keel en sentido contrario allá por la década de 1970, la haría merecedora de figurar en este blog, pero fue más lejos. 

A contramano de la moda de rebautizar lo viejo conocido con siglas que no dicen nada, o pretenden hacernos olvidar lo aprendido, la doctora Beatriz Villarroel prefiere el término “ovni” frente a “uap”, considerando que el segundo es demasiado amplio y por lo tanto ambiguo. Y agrega, con cierta ironía, que por sobre ambos términos elegiría el de los defenestrados platillos volantes, dando a entender que va en busca de algo sólido, no fantasías. 


La trampa de la desclasificación 

La actitud de Beatriz es algo de lo que debieran tomar nota las audiencias de “desclasificación” en el congreso estadounidense, donde se observa un interminable desfile de promesas que nunca se cumplen. Un triste espectáculo político más que ufológico, donde ex militares y funcionarios del gobierno simulan discutir en privado lo que se les puede informar a las masas sin provocar una catástrofe. No estoy exagerando, utilizan esa retórica en nombre de la “seguridad nacional”. Los documentos y testimonios que presentan son de tal calidad que harían desternillar de risa a los escépticos de los años cincuenta, de los cuales vamos a hablar, ya que uno en particular pudo haber arruinado, sin que ella lo supiera, su investigación para siempre.

Afortunadamente, de las hilachas que dejó el incinerador nació el milagro y un buen día aterrizó –lejos de la parodia decadente de la desclasificación– esta científica en el inmaculado lodo de la academia, para recordarnos que marcianos y platos voladores eran los de antes. 

Estrellas que desaparecen 

Su interés por lo desconocido la llevó primero a estudiar biología molecular, pero pronto se aburrió de la misma secuencia burocrática y se pasó al campo de la astronomía, que le ofrecía la emoción de explorar fenómenos inexplicables: estrellas que desaparecen, galaxias que se esfuman. Fue durante sus estudios que se enteró de la expedición y el hallazgo de la anomalía del Báltico, un descubrimiento que la llevó a preguntarse por la existencia de artefactos y civilizaciones no terrestres que podrían haber dejado una huella en nuestro planeta, y dedicó sus esfuerzos a investigar las llamadas transientes: puntos de luz que parecen estrellas, pero que al compararse en placas fotográficas de años posteriores, desaparecen sin explicación.

Lo fascinante en la investigación de Villarroel es que el material examinado es anterior a 1957, fecha de lanzamiento del primer satélite artificial. En cierta ocasión, Beatriz se hallaba clasificando las placas fotográficas de julio de 1952. Como en otras ocasiones, las transientes surgieron, y uno de sus colaboradores le preguntó si sabía qué había ocurrido ese día. Grande fue la sorpresa al constatar la coincidencia: entre el 12 y 26 de julio de 1952 los ovnis se habían dejado ver –aunque no perseguir– sobre el aeropuerto, la Casa Blanca y el Capitolio de Washington. No es que no hayan intentado darles caza: eran más veloces que sus perseguidores. Tras horas de este juego que tanto les gusta a los visitantes –burlarse de los militares y sus sistemas defensivos–, los ovnis desaparecieron del radar y de la vista de los controladores aéreos y los miles de testigos en tierra, solo para reaparecer cuando a los aviones se les agotó el combustible.


El Halcón Milenario 

¿Podría haberse quedado sin combustible un Halcón Milenario de visita en la edad de Piedra, cayendo al fondo del mar Báltico? La anomalía del Báltico, detectada en 2011 por el equipo de Ocean X, es una formación submarina que ha desatado todo tipo de especulaciones: desde estructuras geológicas inusuales hasta la posibilidad de un artefacto tecnológico, quizás de origen no humano, sumergido. Además del apagado de los equipos eléctricos reportados en sus inmediaciones, la anomalía tiene una forma que recuerda de manera inconfundible al Halcón Milenario de Star Wars. ¿Habrán aquellos nobles picapedreros auxiliado al náufrago estelar, y preguntado, tal como ocurre en la saga: cómo hiciste para llegar aquí en semejante cacharro?

Un conspiranoico en regla diría que la coincidencia entre forma y fondo, además de oportuna, magnífica y genial, es sospechosa. Un verdadero escéptico no dudaría un segundo en solicitar a Ocean X el material y los datos recolectados para desacreditar lo que luce como una maniobra publicitaria apoyada en una franquicia popular. 

Sin embargo, Villarroel enfatiza que los académicos que desacreditaron la anomalía jamás examinaron los datos ni las pruebas científicas que respaldan el hallazgo. No resulta tan sorprendente que Beatriz se haya unido al grupo que fue su fuente de inspiración.

Donald Menzel, el destructor

En una entrevista con Jesse Michels de American Alchemy, Villarroel confiesa que su “archivillano favorito” es un célebre astrónomo de la década de 1950. En efecto, Donald Menzel, el famoso negacionista, que colaboró activamente con las autoridades de la época para ridiculizar el asunto de los ovnis con explicaciones prosaicas (se lo acusa de abusar de la inversión de temperatura para explicar los objetos no identificados, truco al que recurrió con la invasión de 1952, pero he observado en sus refutaciones una insólita predilección por las plumas de aves), ordenó a su secretaria destruir unas 300 placas fotográficas sin siquiera examinarlas, con la excusa de “ajustar el presupuesto” algo que al sufrido lector argentino le sonará familiar. Curiosamente las placas destruidas por Menzel son del periodo que podría haber arrojado datos valiosos en la investigación de Villarroel, aunque ella considera este hecho solo una desafortunada coincidencia.

En busca de escombros alienígenas 

La gran sorpresa es la participación de Beatriz en un grupo que busca “crashes” de artefactos no identificados de origen no humano en Europa, un proyecto del que no quiso dar detalles, pero que, de tener éxito, podría resultar fundamental para la comprensión de un fenómeno que acompaña a la humanidad desde tiempos remotos. Su explicación de por qué estas evidencias no se han encontrado antes es lúcida: la sociedad ha sido condicionada para racionalizar y descartar estos fenómenos, interpretándolos automáticamente como proyectos militares secretos u objetos convencionales. Si aterrizara uno en tu jardín, sostiene ella, probablemente dirás: “es un artefacto militar, no lo toques”.

Ante la mención de la expedición en busca de restos alienígenas, el entrevistador exclamó: "¡Quiero ir!" y hace unas horas (primavera austral de 2025), en la cuenta de Facebook de Asberg, de Ocean X, posteó "Junto a Beatriz y Ocean X en busca de la verdad". ¿Lo habrán llevado a Jesse Michels? Hace unos meses, en una publicación que luego borró, el lider de Ocean X anunció que estaban a las puertas de un descubrimiento tan extraordinario que "tal vez no debería ser revelado a la humanidad". Suena tan emocionante como una campaña de marketing. El tiempo dirá si nos sacudirá una revelación increíble o el místerio seguirá acechàndonos sin dejarse atrapar.


Referencias:

Preprint de Beatriz Villarroel (Julio 2025): Aligned multiple transient events in the First Palomar Sky Survey (ResearchGate)

Facebook de Dennis Åsberg: Dennis World

Entrevista en YouTube: Jesse Michels con Beatriz Villarroel, Meet the Astronomer Tracking UFOs 




miércoles, 2 de julio de 2025

Wernher von Braun: testigo silencioso


 "La última carta será una amenaza extraterrestre."

Así, casi como quien dicta una profecía, Wernher von Braun habría advertido a su asistente sobre el cierre de una larga jugada. ¿Qué sabía el célebre ingeniero alemán que lo llevó a pronunciar semejante frase? ¿Por qué su nombre aparece una y otra vez en relatos que trasponen las fronteras de la ciencia, la política y la conspiración?


 El arquitecto del futuro… ¿y del pasado?

Von Braun nació en 1912, en el seno de la aristocracia prusiana, y desde joven mostró un interés voraz por el espacio. No contento con el telescopio que le regaló su madre, desmontó un auto viejo y construyó un observatorio. Recibió una educación técnica y más tarde se alistó en el ejército. Su genio lo llevó a liderar el programa de misiles V-2 bajo el régimen nazi. Al término de la guerra fue capturado por EE.UU. y trasladado, junto con cientos de científicos alemanes, mediante la Operación Paperclip. Allí comenzó una nueva vida como cerebro del programa espacial norteamericano.

Ya en la NASA, diseñó el Saturno V y guió los pasos del Apolo 11 hacia la Luna. Fue asesor presidencial, figura pública y divulgador científico. Su colaboración con Walt Disney en la serie Man in Space (1955–1957) hizo soñar a toda una generación con la era espacial. Pero más allá del sueño, hubo secretos. Y muchos creen que von Braun sabía más de lo que dijo.


 La última carta

En los años 70, von Braun trabajaba para Fairchild Industries. Fue allí donde conoció a Carol Rosin, joven ejecutiva que lo acompañaría hasta el final de su vida. Décadas después, Rosin reveló que von Braun le había hecho una advertencia escalofriante: que el poder militar usaría una sucesión de amenazas artificiales para mantener el control global. Primero serían los rusos, luego los terroristas, más tarde los asteroides… y por último, una amenaza extraterrestre falsa[^1].

Rosin testificó sobre esto ante el Disclosure Project en 2001. Afirmó que von Braun la instó a oponerse a la militarización del espacio. Aunque no hay registros grabados de la advertencia, la frase “la última carta será una amenaza extraterrestre” se volvió icónica entre ufólogos, conspiracionistas y, sobre todo, promotores de la desclasificación.


 Una mujer brillante

Carol Rosin, lejos de ser una fanática de los ovnis o las teorías conspirativas, era una mujer brillante con un doctorado en ciencias, y la primera en ocupar un alto cargo ejecutivo en la industria aeroespacial. Su activismo por la eliminación total del armamento espacial fue más allá de una vocación pacifista: a sus esfuerzos se debe en parte la primera colaboración entre cosmonautas soviéticos y astronautas estadounidenses: las misiones conjuntas Apolo-Soyuz.


 Material “inteligente”: Roswell y la ciencia secreta

Otro episodio aún más críptico surge del testimonio de Clark McClelland, ex técnico de la NASA. Según él, von Braun le dijo en privado que el material recuperado en Roswell era “no terrestre” y tenía propiedades “orgánicas, incluso inteligentes”[^2].

Aunque McClelland es una figura polémica y sus dichos carecen de respaldo documental, la idea de que ciertos científicos de élite accedieron a materiales anómalos ha sido sostenida por otros insiders, como Philip Corso o Edgar Mitchell. Von Braun no dejó comentarios públicos sobre Roswell, pero su proximidad a las altas esferas militares y científicas da margen a la especulación.


 El Cronovisor: género imposible de la cinematografía

El relato más improbable —y más fascinante— lo ubica en el Vaticano. Según algunas fuentes esotéricas, von Braun habría colaborado con el sacerdote benedictino Marcello Pellegrino Ernetti y el físico Enrico Fermi en la creación del Cronovisor, un aparato capaz de visualizar eventos del pasado.

En 1972, el padre Ernetti concedió una entrevista al Corriere della Sera, en la que describió haber presenciado, mediante el Cronovisor, momentos como el discurso de Cicerón o la crucifixión de Jesús[^3]. Luego guardó silencio durante años, hasta conceder una entrevista final al periodista español Javier Sierra, donde reafirmó sus dichos[^4].

El nombre de von Braun aparece en algunos relatos como parte del equipo científico secreto. ¿Pura leyenda? Tal vez. Pero el solo hecho de que su nombre haya sido incluido sugiere que su figura representa algo más que la ciencia ortodoxa.


 ¿Qué quería decir Oberth?

Von Braun fue discípulo y colaborador del físico Hermann Oberth, uno de los fundadores de la astronáutica moderna. En los años 70, Oberth hizo una declaración que desconcertó incluso a sus colegas:

“Los platillos volantes son reales. Y vienen de fuera de este mundo. Están tripulados por seres inteligentes que nos están observando. Nos ayudan. Estoy convencido de que están detrás de muchos de nuestros descubrimientos.”[^5]

El término clave es “nos ayudan”. ¿A qué se refería? Algunos han interpretado esta frase como una confesión velada de ingeniería inversa, sobre tecnología “donada” por entidades no humanas. Otros la consideran un indicio de colaboración encubierta. Pero viniendo de un científico tan respetado, la frase no pasó inadvertida. Y von Braun nunca lo desmintió.


 Vínculos de poder y acceso privilegiado

Además de Disney y Oberth, von Braun circuló en ambientes donde la información clasificada fluía como el agua.

Dwight D. Eisenhower —presidente con quien trabajó estrechamente— es también protagonista de relatos sobre un supuesto contacto con extraterrestres en 1954. Otro es Richard Nixon, quien habría autorizado a personal de la NASA a presenciar tecnologías no convencionales.

Asimismo, von Braun trabajó con personal militar y contratistas como Fairchild, Bell Labs y compañías vinculadas al desarrollo de defensa aeroespacial.

La colaboración con Disney puede parecer anecdótica, pero algunos investigadores —como Richard Dolan— la ven como parte de un programa cultural de preparación gradual para un futuro contacto.


 Un testigo entre mundos

Wernher von Braun murió en 1977, tras años de batalla contra el cáncer. En sus discursos hablaba de la fe, del espacio y del futuro de la humanidad. Nunca mencionó alienígenas, ni Roswell, ni cronovisores. Pero muchos piensan que su silencio era la forma más sofisticada de decirlo todo. Quizás por eso su silencio parece tan atronador.


 La novela de Von Braun de 1949: ¿Elon, el rey de Marte?

Von Braun escribió en 1949 Mars Project, una obra de ciencia ficción que no encontró editores hasta 2006, aunque un apéndice fue publicado en inglés en 1952. En ella, los terrícolas entablan contacto con una avanzada civilización marciana, cuyo gobierno está regido por un grupo de diez individuos al mando de un “Elon”.

A nadie se le escapó lo que parecía una curiosa coincidencia: la mención de este nombre mucho antes de que Elon Musk —cuyas intenciones de colonizar Marte son públicas— siquiera hubiera nacido. El padre de Musk aguó la fiesta al declarar que conocía la obra de Von Braun al bautizar a su hijo. Al parecer, la tradición familiar de poner nombres exóticos persistió, y Elon Musk hizo lo mismo, nombrando a uno de sus hijos como X Æ A-12.


 El precio del sueño

Más allá de esta anécdota, la vida de von Braun plantea un debate ético. El sueño de su infancia se habla cumplido —lanzar a la humanidad a la exploración del espacio— a cambio de la pérdida de millones de vidas humanas. ¿Estuvo justificado? ¿Pudo haberse hecho de otra manera?

Sabemos, por sus declaraciones y confesiones indirectas, que debió luchar con esta contradicción durante toda su vida. Dudó al enrolarse en el ejército alemán, pero este le proporcionaba los medios para experimentar con la cohetería. Se dice que el trabajo esclavo en la construcción de las V-2  —realizado por prisioneros de campos de concentración y supervisado por von Braun— mató a más gente que las bombas que fabricaban.

¿Quizás por eso su silencio parece tan atronador?

Entre el reconocimiento y la culpa, ya no podía hacer mucho por enmendarlo, salvo investir a su secretaria con la información que él nunca revelaría directamente. Siempre hablaba por boca de otros cuando se trataba de secretos. Le dijo a Carol Rosin lo que iba a suceder. Y por qué ella debía oponerse a la militarización del espacio.


 ¿Se jugará la última carta?

La profecía de von Braun se ha cumplido rigurosamente. Solo resta por ver si lo que él llamó “la última carta” será jugada... y cuáles serán sus consecuencias.



 Notas

[^1]: Carol Rosin, Disclosure Project Testimony (2001). Ver video completo en: [YouTube](https://www.youtube.com/watch?v=7ALLUuvsVkM)

[^2]: Clark McClelland, Space Disclosure Testimony. Fragmentos reproducidos en entrevistas y foros. (No existe fuente audiovisual directa.)

[^3]: Corriere della Sera, 2 de mayo de 1972.

[^4]: Sierra, Javier. Entrevista final a Ernetti, reproducida en Más Allá de la Ciencia, Nº 146, 2001.

[^5]: Declaración de Hermann Oberth citada en Flying Saucers from Outer Space, Donald Keyhoe, 1953. Reiterada en conferencias posteriores.



domingo, 29 de junio de 2025

El fenómeno como ejercicio


Rutas solitarias, persecuciones aéreas y escenas absurdas sugieren que el fenómeno ovni podría responder menos a un intento de contacto que a una rutina de evaluación.

Durante décadas, una parte significativa de los encuentros más desconcertantes del fenómeno no ocurrió en grandes ciudades, bases estratégicas ni centros de poder, sino en escenarios marginales: rutas solitarias, regiones apenas habitadas. Lugares sin público, sin cámaras ni testigos múltiples. Espacios donde, en teoría, no había nada que observar.
Y sin embargo, algo ocurrió allí.

Algo no cierra 

A comienzos de la década de 1970, Valeriano Verdugo recoge a un autoestopista en una ruta solitaria de La Pampa argentina. El hombre viste de forma inapropiada, no pestañea, responde lo justo y parece conocer el terreno mejor que los locales. Apenas sube al camión, tres ovnis aparecen y lo siguen durante kilómetros. El extraño adivina pensamientos, datos técnicos, pesos de carga. Pide que lo bajen en medio de la nada. Los ovnis desaparecen.

En 2019, durante los incendios forestales en Bolivia, Paúl Parada, médico y rescatista, atiende a un extranjero en una posta improvisada para emergencias. El hombre lleva un traje extraño, se comunica telepáticamente, pide calma y advierte que no hay que asustarse. Afuera, bajo la luz de la luna, lo esperan dos pequeños seres y una nave silenciosa que, por su aspecto, sugeriría una tecnología capaz de asistir al herido. Sin embargo, la escena exige cuarenta minutos de sutura bajo miedo extremo
.
Hay algo aquí que no cierra, al menos desde una lógica humana elemental.

Si admitimos que los objetos voladores tienen una relación directa con estos extraños, no necesitan un camión para recorrer un tramo de ruta que no lleva a ninguna parte, ni asistencia médica en una posta rural. El encuentro sugiere otra finalidad.

Escenarios de ensayo 

Ambos casos presentan algo en común: los extraños parecen estar siendo observados. El testigo no es el centro de la escena ni el objetivo final, pero permite al “alienígena” demostrar capacidades como telepatía, control emocional y precisión. ¿Por qué asustar al testigo exhibiendo estas habilidades? Resulta absurdo, a menos que la exhibición no esté dirigida a él.

En este marco, lo que solemos llamar “encuentro” empieza a parecer otra cosa: una secuencia de tareas ejecutadas bajo observación. El escenario es el adecuado para poner a prueba control mental, adaptación social, manejo del estrés y precisión operativa. No del testigo, sino del intruso.

Visto así, muchos capítulos clásicos del fenómeno pueden leerse bajo otra luz.

El fenómeno como ejercicio 

Las persecuciones aéreas, por ejemplo, rara vez se comportan como intentos de contacto o confrontación. Los objetos no atacan, no huyen del todo, no se dejan interceptar. Ejecutan maniobras evasivas, cambios bruscos de velocidad, ascensos imposibles. Obligan al piloto humano a reaccionar. En más de una ocasión, parecen permanecer incólumes ante intentos de ataque de la artillería humana.

El patrón se repite en reportes militares contemporáneos —como el caso del USS Nimitz en 2004— y en episodios históricos como el aterrizaje de Polanco en Argentina. No hay comunicación. No hay advertencia. Solo movimiento, respuesta y corrección. 

En la aviación humana, ese comportamiento tiene un nombre: ejercicio táctico.
Se vuela para medir tiempos de reacción, toma de decisiones, tolerancia al estrés y límites operativos. El objetivo no es el avión observado, sino el desempeño del que vuela.

Visto así, estas “persecuciones” se parecen demasiado a maniobras de entrenamiento como para ignorarlo.

Ausencia de impacto verificable 

Algo similar ocurre con las interferencias en sistemas nucleares. No advierten ni amenazan: a veces desactivan misiles, otras veces los encienden. Las interpretaciones humanas son múltiples, pero hay un dato indiscutible: la precisión impecable del agente externo.

El otro lado del escenario 

Nada apunta a una visita. Ni siquiera a un mensaje intimidatorio: esa es una interpretación humana. Todo sugiere una rutina. Una rutina larga, repetitiva, metódica. El humano la observa desde su propia perspectiva, pero pocas veces —si alguna— desde la óptica del visitante.

Quizás por eso el fenómeno está siempre cerca y nunca se define. ¿Parece absurdo? Solo para nosotros que, muy probablemente, no somos los únicos que miramos

No se puede afirmar que esta lógica explique todo el fenómeno.
Pero permite mirarlo desde un ángulo que corre el antropocentrismo y muestra a nuestro mundo como un campo de entrenamiento y de prueba.

Cambiar el punto de vista no resuelve el enigma, pero amplía el espectro de lo que creemos estar observando.


Fuentes








martes, 17 de junio de 2025

El fin del mundo de 2027

“Los UAP podrían perturbar los mercados y provocar comportamientos financieros irracionales. Si los inversores reaccionan a informes sensacionalistas o temores infundados, podrían crear burbujas o desplomes en ciertos sectores, y es nuestra responsabilidad anticipar qué sectores se desplomarían, cuáles se dispararían e invertir en ellos. Los UAP representan una oportunidad de oro para aumentar nuestras ganancias si gestionamos la situación con prudencia. Por lo tanto, respondiendo a su pregunta, habrá una divulgación gradual, poco a poco, según nuestro éxito en la identificación de nuevos mercados, y sí, la divulgación no depende de los gobiernos, depende de nosotros: el mercado”.

Si bien no es infrecuente que el mercado se pronuncie con semejante desfachatez cuando se trata de inversiones que nada tienen que ver con ovnis,  la citada declaración no es, hasta donde sabemos, un pronunciamiento oficial. Sin embargo, podría ser perfectamente algo que se dijo en la conferencia de acceso restringido que David Grusch  pronunció ante un reducido grupo de inversores a principios de 2024, poco después de sus explosivas declaraciones ante el congreso sobre programas encubiertos de tecnología inversa de naves de origen no humano, una de ellas "más grande por dentro que por fuera". Por delirante que suene esta afirmación, atraviesa todo el fenómeno y se remonta a una antigüedad mítica.

En realidad,  la declaración proviene de un sitio que durante más de una década ha hecho las delicias de las mentes más conspiranoicas y los aficionados a la criptografía.


Se trata de una publicación de Forgotten Languages,  que combina párrafos en inglés con lenguas  “olvidadas”, al parecer artificiales, que muchos han intentado descifrar con dudoso éxito. Para los fines de este artículo ignoraremos el contenido codificado ya que lo que se puede leer en inglés es lo suficientemente escandaloso como para tomarlo en cuenta.


“Sabemos que en el año 2027 habrá una colisión con un asteroide; conocemos sus dimensiones y su órbita, y hemos calculado con absoluta certeza los efectos devastadores que dicha colisión tendrá en la civilización terrestre. No será letal, pero solo será la primera de tres colisiones, la última de las cuales provocará una extinción masiva. Según las simulaciones, todo ser vivo muere. Entonces, ¿por qué contactarlos?”


Como en el resto de las entradas, no se cita la fuente de la información, aunque se lee en el contexto de una hipótesis muy interesante: una civilización extraterrestre avanzada no entablaría contacto con otra destinada a extinguirse en menos de mil años. En este caso, Sol 3, es decir el tercer planeta del sistema solar, la Tierra. Sin mayores precisiones, podemos descartar la profecía como pura especulación, pero aún así observamos un pequeño detalle significativo: la fecha de la publicación, junio de 2022.


En 2022 Lue Elizondo, el ex agente de inteligencia que renunció a su cargo a causa, supuestamente, del secretismo impuesto por el gobierno a la investigación de los ovnis, lanzó una frase enigmática que pronto se volvería memorable en los círculos ufológicos. “Consiganse un pasatiempo” dicen que dijo “para los próximos cinco años, porque entonces todo quedará claro”. 


 Esto fue interpretado lógicamente, por todo aquel que sepa sumar 2 + 5,  como el velado anuncio de un acontecimiento de primer orden para 2027. Para algunos, un reconocimiento oficial de la presencia de inteligencia no humana en el planeta. Para los más optimistas, un contacto abierto. Para los escépticos, una nueva fecha para demorar la promocionada “desclasificación” un poco más. El que dice que Elizondo dijo lo que dijo fue otro agente de inteligencia, John Ramírez,  que al parecer no está impedido de hablar. Incluso Ramírez fue más lejos: afirmó que en 2027 se presentarían abiertamente a los humanos.


Aquí tenemos una contradicción: o bien los alienígenas se presentan o bien un asteroide colisiona con la tierra en 2027. A menos que los visitantes lleguen horas después, cuando el planeta ya esté limpio de homo sapiens. Lo cual sería muy pragmático por parte de ellos. 


¿Qué tienen en común ambas posibilidades? Que cualquiera de ellas sería un gran espectáculo. Y es evidente que alguien lo ha planificado. En julio de 2027 se conmemorará, como cada año, un nuevo aniversario del supuesto estrellamiento de Roswell. Pero no será como otro cualquiera. Se cumplirán 80 años. Será una buena ocasión para que muestren lo que tienen -sea real o inventado - o para que los parientes de los alienígenas caídos se presenten para arreglar las cuentas. Lo cual podría no ser un buen augurio para los terricolas.


Y si alguien piensa que estoy siendo cínico, veamos otro pasaje de Forgotten Languajes, donde esta vez quien habla parece ser un astrofísico encargado de envenenar los planetas del sistema solar para que otros no vengan a ocuparlos:


“Chocar nuestras naves espaciales contra la superficie de Júpiter o Saturno una vez finalizada su misión no es solo por diversión. De hecho, es la parte más importante de la misión. Primero, no queremos dejar rastro alguno de nuestra civilización tecnológica para que otros la encuentren; segundo, las cianofitas sobreviven al impacto, ¿entiendes?

 

“Hubo un evento fotométrico indicativo de actividad extraterrestre en esa luna. No fue una búsqueda específica, sino la suerte de observar esa luna en el momento oportuno. Verán, todo nuestro sistema solar es nuestra propia zona de negación; no queremos a nadie cerca, y no creemos en esas tonterías llamadas «club cósmico» o «amistad estelar». No estamos aquí para hacer amigos; estamos aquí para sobrevivir”.


Pero, ¿por qué las ficciones de Forgotten Languajes tendrían alguna relevancia aquí? Simplemente porque algunos de los informantes de la “desclasificación” ovni o UAP las han citado en sus redes sociales.


Hay en ese maravilloso sitio otras gemas pero no hay lugar para más aquí. Lo destacable de los ejemplos citados es que, aunque espantosos y probablemente ficticios, son enfoques perfectamente realistas. El esperado contacto podría no ser deseable, pero las masas no tomarán esa decisión. Han entregado su destino a unos psicópatas que durante ochenta años les dijeron que todo era mentira y en 2017, con grandes titulares en el New York Times, les dijeron que todo era verdad.


Si para 2027 no pasa nada digno de ser recordado, no faltará quien señale, no sin razón, que “sólo faltan veinte años” para completar un largo siglo de espera.


sábado, 7 de junio de 2025

EL LIBRO DE ENOC , LAS MUJERES DE LOS VIGILANTES Y EL PLAN DE FUGA


Los Vigilantes no fueron ángeles caídos sino una tripulación mixta de reos, posiblemente esterilizados, que usó a la humanidad como parte de un plan de fuga.


Leído desde esta clave, el Libro de Enoc —uno de los textos más desafiantes de la tradición bíblica temprana, que convierte una nota al pie del Génesis en una conspiración cósmica—  se revela como el registro fragmentario de una expedición fallida.

No se trata sólo del conocido episodio de los “hijos de Dios” y las “hijas de los hombres”. Enoc describe algo más incómodo: la caída de una tripulación completa, con jerarquías, juramentos, castigos diferenciados y una anomalía que casi nunca se menciona: la existencia de mujeres entre los Vigilantes.


Una expedición fallida

Los Vigilantes descienden en número limitado —unos doscientos— y en un punto preciso del mapa: el monte Hermón. No aparecen como seres erráticos sino como un grupo organizado, con líderes identificables y una misión concreta: instruir a los humanos en artes y ciencias.

Pero el texto introduce una prohibición extraña. Pueden enseñar agricultura, astronomía o metalurgia, pero no las llamadas “ciencias prohibidas”. Tampoco deben reproducirse. No con los humanos, y posiblemente no en absoluto.

Nada de esto encaja bien con la imagen del ángel tentado por el deseo. Encaja mejor con la de individuos bajo custodia.


Las mujeres 

En uno de los pasajes más desconcertantes del libro, Enoc afirma que “las mujeres de los ángeles que se descarriaron se convertirán en sirenas”. La frase es breve, pero explosiva: implica que no todos los Vigilantes eran varones y que la condena no fue uniforme.

Los Vigilantes masculinos quedan ligados a la tierra. Las mujeres, al mar. No es difícil leer aquí una metáfora de aislamiento extremo, de separación funcional, o incluso de esterilización. Una población controlada, distribuida en “celdas” incompatibles.

Si la misión era civilizatoria, ¿por qué impedir la reproducción? ¿Y por qué castigar cualquier intento de mezcla?


El juramento

Enoc cuenta que los Vigilantes “hicieron un juramento” para que, si eran descubiertos, ninguno cargara solo con la culpa. Esto no suena a arrebato pasional. Suena a conspiración.

¿Por qué arriesgar un castigo eterno por un acto previsible? Tal vez porque ya estaban condenados.

Como colonias penales humanas enviadas a territorios remotos, los Vigilantes pudieron haber aceptado integrar la expedición como atenuación de una pena o un programa de rehabilitación. Longevos, vigilados y sin futuro reproductivo, la misión pudo volverse insoportable.

El contacto con los humanos habría sido entonces el primer intento de fuga.


El fracaso del plan

La estrategia parece clara: mezclarse, transmitir conocimiento, camuflarse. Convertirse en humanos tecnológicamente avanzados. Pero el plan falló.

La hibridación no produjo integración sino monstruosidad. Los Nefilim, gigantes violentos e inestables, revelaron una incompatibilidad genética. El experimento fue detectado y abortado. El diluvio no aparece así como castigo moral, sino como control de daños.

Enoc intenta mediar. Fracasa. Los Vigilantes quedan confinados.


Una historia que no terminó

Leído desde esta clave, el eco con los relatos modernos de abducción es inquietante. Contacto indirecto. Manipulación genética. Prohibición de exposición pública. Intermediarios humanos. Todo sugiere un programa de largo plazo, silencioso y desesperado.

Si los Vigilantes siguen existiendo, confinados y vigilados, su problema sería el mismo: sobrevivir y escapar del encierro. Imposibilitados de reproducirse entre ellos, los humanos aparecen como única esperanza para la fuga. Y si continúan operando en los márgenes de la experiencia humana, tal vez no sea por elección, sino porque no pueden hacer otra cosa.

La historia que Enoc apenas insinúa podría no haber terminado. 


sábado, 22 de febrero de 2025

El fin del sueño americano

Los drones se presentan

A finales del año 2024, tras el avistamiento masivo de “drones” en Estados Unidos, el secretario de prensa del Pentágono, Brigadier General Patrick Ryder en conferencia de prensa declaró: “No sabemos qué son o de dónde vienen, pero sabemos que no son una amenaza”. 

La oleada de drones había inquietado no sólo a la opinión pública sino al departamento de defensa, ya que estos drones se paseaban impunemente sobre bases militares y áreas estratégicas donde se almacenaba arsenal nuclear. Fue tal el desconcierto de las autoridades que el FBI solicitó a los ciudadanos enviasen registros fílmicos para ayudar a descubrir el origen de los intrusos. Las cosas se empezaron a poner un poco raras cuando agentes del FBI asignados a la investigación denunciaron que los drones los habían seguido hasta sus domicilios particulares, permaneciendo suspendidos a baja altura durante horas.

Invisibles al infrarrojo y la radiofrecuencia

Estos drones no lucían exactamente como los drones militares. Los informes iban desde cuatro a 180 avistajes por noche. Hay casi tantas descripciones como testigos, pero algo en lo que la mayoría concuerda es que tenían hábitos nocturnos y el tamaño aproximado de un automóvil. Algunos eran silenciosos y otros emitían un ruido semejante al de un helicóptero. Un detalle mencionado a menudo y que podría dar cuenta de la multiplicidad descriptiva es que estos aparatos parecían transfigurarse en pleno vuelo. Los testigos podían ver lo que en principio era interpretado como un grupo de estrellas hasta que empezaban a moverse erráticamente y adoptaban una formación triangular como las luces de posición de un dron (rojas, verdes y blancas). Aunque los colores eran los correctos, estas luces a veces aparecían invertidas. En otros casos pasaban de ser un orbe que aumentaba de tamaño hasta convertirse en algo similar a un avión o helicóptero, siempre sin insignias ni identificación alguna. Solían permanecer inmóviles durante horas y escapaban a una velocidad estrepitosa cuando una patrulla oficial se acercaba para interceptarlos. Resultaban invisibles para los helicópteros equipados con cámaras infrarrojas y tampoco podían ser detectados por radiofrecuencia. Durante la oleada, que duró tres meses, ningún dron fue derribado, al menos oficialmente y aunque se los vio salir y sumergirse del océano, jamás pudo determinarse dónde se ocultaban o abastecían.


Los drones saludan a Trump

Semanas antes de asumir la presidencia, en plena fiebre de los avistamientos, Donald Trump aseguró que iría hasta el fondo del asunto y revelaría la verdad sobre los drones a sus electores. Los drones ya habían “saludado” a Trump el 4 de enero cuando, tal vez aprovechando la proximidad del Arsenal Picatinny -que sobrevolaron alegremente más de diez veces- se dejaron ver en el Nacional Trump Golf Club, propiedad del presidente electo.

En efecto el 28 de enero de 2025, ocho días después de asumir, Trump envió a la vocera presidencial Karoline Leavitt a comunicar la gran noticia: los drones habían sido “autorizados” por la FAA, la Administración Federal de Aviación, para realizar “investigaciones” no especificadas. Esta explicación provocó cierta inquietud en los más crédulos, la burla de los incrédulos y la ira de algunos gobernadores de los estados involucrados, siendo New Jersey el principal ya que las oleadas parecieron concentrarse allí durante el tiempo que duró la invasión.


No acatan las reglas pero les encanta el streaming

No era la primera vez que vehículos aéreos de origen desconocido sobrevolaban sin problemas instalaciones militares y áreas restringidas en diversos lugares del mundo. Lo habían hecho sobre Escandinavia en 1934 y también antes y después de la explosión de las bombas atómicas sobre Japón, sobrevolando las instalaciones secretas donde las bombas se fabricaban. Pero era la primera vez que la invasión del espacio aéreo de la mayor potencia bélica estaba siendo registrada y transmitida para todo el mundo, muchas veces en directo, gracias a la conectividad de internet, sin que nadie lo pudiera ocultar. Quedaba claro, para quien quisiera verlo, que por encima del máximo poder político, económico y armamentista del planeta había algo que ningún gobierno podía controlar. 

Algo que no tenía un rostro, pero se comportaba de modo inteligente y cuyas intenciones eran una incógnita, excepto por el hecho de que parecían haber querido dejar un mensaje extremadamente claro para los ciudadanos de la Tierra. 

Habían dejado en claro que existían, que no necesitaban el permiso de ninguna autoridad terrestre para volar por donde se les antojara y que, además de conocer bien nuestra cultura no carecían de cierto extraño sentido del humor.


Esta vez nadie se suicidó, ni siquiera el jefe de la Fuerza Aérea.

Los dioses habían vuelto recargados, y elegido como escenario para sus exhibiciones el mismo lugar donde aterrizaron los marcianos en la adaptación radiofónica de la novela de H. G. Wells: New Jersey. 

Ochenta y siete años después de aquella emisión nadie se acordó de La Guerra de los mundos cuando irrumpieron los drones, ni del pánico desatado aquella terrorífica víspera de Halloween de 1938. Esta vez nadie se suicidó, ni siquiera el jefe de la Fuerza Aérea.

El tiempo no había transcurrido en vano. Los terrícolas ya estaban en mejores condiciones para cuestionar la veracidad de los comunicados de prensa y, sobre todo, para aceptar la incómoda noción de que ya no eran la especie dominante del planeta. Porque, a fin de cuentas, nunca lo habían sido.

(Extracto del libro  de Domingo Feriado "Manual de sucios trucos alienigenas", en preparación)

Hombres de Negro: la secuela real

En el artículo anterior analizamos la aparente retirada de los Hombres de Negro . En esta ocasión veremos cómo el "software" obso...